PLOMO EN ORO

Desarrollo Personal

Atrévete

Por: Sergio Soliz

Hay veces que lo limitada de nuestra realidad actual nos hace mirar un futuro igual de limitado.


Nos hace ser una suerte de soñadores precavidos que sueñan en base a las cosas que conocen, a lo que ya tienen como recursos en este momento, a lo que lograron avanzar hasta el presente.


En la otra cara de esta moneda está el soñador desmesurado, el que sueña en grande y sin limitaciones sin importar sus condiciones actuales porque no mira las cosas desde el pasado sino desde el futuro.


Son dos maneras de encarar el porvenir y, por lo tanto, dos maneras de lograr o no lo que te propones.  


Esta historia es increíble y habla de ese soñar desmesurado que deberíamos adoptar si queremos alcanzar realmente eso que deseamos.


El escritor y conferencista Joel Barker cuenta que Eugene Lang, un millonario americano que se levantó desde la pobreza, fue invitado a dar un discurso de cierre en un pobre colegio de Harlem donde él mismo había estudiado.


En su discurso, trató de entusiasmar a los niños de sexto año y a sus padres hablándoles de la importancia de terminar su educación secundaria y de asistir a la universidad.


Las palabras salían de su boca pero nadie lo escuchaba realmente. Lo pudo percibir en los escépticos ojos sin luz de su audiencia.


En la mente de esa gente golpeada, ya el terminar la secundaria era un desafío difícil de conseguir. De asistir a la universidad ya ni hablar.


Además, quedaba claro que los asistentes a la charla estaban escuchando desde su pasado y desde las limitaciones de su situación actual.


En pleno discurso, el ponente se dió cuenta de lo que estaba pasando y se decide a improvisar cambiando su estrategia.


Decide poner una imagen de futuro que emocione a su audiencia y lo logra. 


Convence a los padres y alumnos que pueden alcanzar el nivel para entrar a una universidad y les dice que él se compromete personalmente a pagar los estudios de todos aquellos alumnos que terminen el colegio.


Los ojos comienzan a brillar.


¿Qué cambió en ese momento?


Los asistentes seguían siendo los pobres y machacados habitantes de Harlem, uno de los barrios más golpeados de Nueva York.


La diferencia es que ahora tenían una potente visión de futuro. Un sueño a alcanzar.


Ahora tenían una imagen poderosa en la cabeza que los guiaría y direccionaría.



En condiciones normales, es decir, con la cabeza puesta en la situación actual y en el lamento, solo 12 de los 52 alumnos (cómo todos los años) habrían terminado el colegio y ninguno de ellos habría entrado a la universidad. 


Con la imagen guía en la cabeza de padres y alumnos, 48 de los 52 lograron terminar la secundaria y 40 de ellos entraron a la universidad.


Un verdadero hito para el PS 121, el colegio aquel en el cual Eugene Lang dio ese discurso en el año de 1981.


Una imagen puesta con fuerza y brillo en el futuro es una potente herramienta cuya fuerza no podemos dejar de utilizar.


Si queremos que el sueño sea aún más potente, es mejor incluso el pensar cómo aquello que deseamos puede ayudar y beneficiar a los demás. 


Los otros suelen ser el aliciente a continuar cuando las fuerzas empiezan a flaquear.


Como diría Walt Disney, otro visionario de su época, “Aprendí que de nada sirve ser luz si no vas a iluminar el camino de los demás”.


Sergio


P.D. ¿Quieres recibir un mail como estos cada semana?

No tienes más que dejar tu mail debajo de este mensaje y recibirás una reflexión semanal en tu bandeja de entrada.

Campus virtual

Somos todo oídos

Deja tu mensaje y te responderemos en breve