PLOMO EN ORO

Desarrollo Personal

La cárcel invisible

Por: Sergio Soliz

Hasta hace algún tiempo, la gente pensaba que la inteligencia era como el color de los ojos, es decir, inmutable.


El coeficiente intelectual se mostraba como algo definitivo pero cada vez más, hay estudios que refutan esa teoría.


Hoy se sabe que el cerebro es un músculo flexible que puedes entrenar.



Más importante, sin embargo, para tener una vida de logros, es la mentalidad que tengas con respecto a la realidad que te rodea.


Carol Dweck, en su libro Mindset, explica que no hay nada más importante a lo hora de determinar tipos de existencias (más o menos exitosas) que el hecho de que una persona tenga una mentalidad fija (fixed mindset) o una mentalidad de crecimiento (growth mindset).



Ella demuestra, con casos sorprendentes, como la gente que logra éxitos, se apoya sistemáticamente en una mentalidad de crecimiento.


Y no es que uno pertenezca necesariamente a un tipo de mentalidad de modo que no vale la pena preguntarse si uno tiene una mentalidad fija o una mentalidad de crecimiento.


Ambas mentalidades están disponibles para todo ser humano pero hay quienes hacen uso predominante de una de ellas.


Ello pasa por diferentes razones.



Se dice, por ejemplo, que aquello que decimos sobre nosotros mismos tiene una importancia determinante.


Se dice, de hecho, que el lenguaje es una cárcel invisible de la que somos prisioneros. 




Nos contamos historias y, peor aún, nos creemos esas historias.


Soy bueno para esto y soy malo para esto otro. No puedo hacer esto, ya no tengo edad, soy un inutil con las manos, es demasiado tarde. 


Todos estos, serían ejemplos de frases que nos cierran futuro y nos hablan de resignación y de imposibilidad. 



Existen otras condicionantes que son igual de determinantes.


El colegio, por ejemplo.


¿En qué nivel de inglés estaba tu?, ¿Cómo te dijeron que eras para la gramática? ¿Y para los deportes?


Desde tu medio, te andan pasando todo el tiempo mensajes del tipo: sirves o no sirves, puedes o no puedes, eres bueno para esto y eres pésimo para esto otro.



Te lo dicen tantas veces que lo acabas creyendo y tu mentalidad se “solidifica”, se hace fija. 


Hola, me llamo Perico y soy pésimo para las matemáticas.


La pelota está en tu cancha. 


Piensa en las historias que te cuentas o que te han contado sobre ti y trata de escapar de esa cárcel invisible que te atrapa y te limita.


Sergio


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